Recomendaciones para ir de paseo a la selva

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Este texto surgió de una invitación reciente para hablar a un grupo de líderes de organizaciones sociales sobre la importancia de la opinión pública a la hora de trabajar en incidencia en políticas públicas. 

 

La incidencia en políticas públicas ha sido uno de esos rubicones que todos se proponen atravesar en el tercer sector, como quiera que quienes nos involucramos en él lo que queremos es, de alguna manera, cambiar el mundo. Pero las consecuencias de una decisión de ese tamaño para cualquier organización son grandes; es muchas veces una tarea infructuosa y desgastante, pero claro, absolutamente necesaria para seguir avanzando en la ampliación de la democracia y el acceso pleno a los derechos. 



Pero cuál es el papel de la opinión pública en ese trabajo incierto y difícil de incidir en políticas públicas. Comencemos por plantear lo que puede ser el entorno de la opinión pública.

 

¿Cuáles son las grandes fuerzas en tensión en la esfera pública de la vida moderna en Occidente? ¿Cuáles son las fuerzas que verdaderamente mueven el mundo?

 

Marx dijo en su momento que el capital y el trabajo, Sigmund Freud nombró al sexo, si le preguntáramos a algún líder religioso diría que la fe, pero están también la codicia, los sueños, el ánimo de sobrevivir, el deseo de poder, la búsqueda de la verdad. O podría ser una suma de todas las anteriores.

 

Esas fuerzas se encauzan en Occidente a través de tres vectores principales: el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. Vectores que supuestamente deben estar en equilibrio para producir libertad, bienestar y desarrollo.

 

Todos ya sabemos, la función del Estado es proveer servicios de justicia, salud, educación, seguridad, etc, con la finalidad última de garantizar los derechos de los grupos sociales en todas sus dimensiones. El mercado produce, vende y distribuye bienes y servicios, con el propósito de satisfacer múltiples necesidades de la población, generar riqueza y bienestar. La sociedad civil trabaja para construir sus proyectos de vida, ejerce sus derechos hasta donde puede, demanda su cumplimiento, busca el bienestar y su realización personal, familiar, profesional, como ciudadanos.

 

Esos tres vectores, profundamente entroncados, generan una innumerable cantidad de transacciones, motivadas por las necesidades que plantea la vida, la convivencia social, las dinámicas económicas y políticas, por el deseo de éxito y notoriedad, la ambición de poder y de riqueza. Se produce crecimiento, bienestar, pero también pobreza, conflictos, demandas, fricciones, se amplían o restringen derechos, hay intereses  encontrados, pasiones, guerras.

 

Es algo parecido a una selva.

 

En esa selva de transacciones e intereses hay un ámbito muy importante que es en el que se pugna por darle sentido a todo eso, allí se tramita la información, la interpretación, la comprensión de lo que sucede día a día. Se alerta, se dialoga, se discute, se orienta, se generan respaldos, bendiciones, rechazos, vetos a todo lo que sucede. Es lo que podríamos llamar la nata de la realidad, de los conflictos, de la cultura y los valores: la opinión pública.

 

Los medios de comunicación

 

Ahora, quiénes construyen más directamente esa opinión pública son los medios de comunicación. Medios que fueron surgiendo uno a uno, desde los correos humanos, pasando por los diarios, las radios, la televisión,  hasta internet hoy, alimentados por el interés de las personas, de las comunidades, de los grupos humanos, por compartir los sucesos de sus vidas, sus temores, sus sueños, lo que hacen, lo que aprenden, lo que viven, lo que esperan. Por eso se dice que los medios son la expresión del interés público, son quienes construyen la “opinión pública”.

 

El problema es que con la generalización de su uso, la ampliación de las audiencias, el incremento de su influencia y su valorización estratégica en lo publicitario y lo político,  gobiernos y empresas comenzaron a ser conscientes del papel de esos medios para realizar sus intereses. Los medios comenzaron a crecer y a desplazarse del vértice de la sociedad civil hacia el del mercado.

 

Sus dueños son ahora los grandes empresarios con intereses en otros campos, porque además de buenos dividendos, los medios generan poder y prestigio a discreción. Entonces la noticia y la verdad se convierten en mercancía, en transacción para producir poder y dinero.  Kapuscinsky, el gran periodista, lo dijo: “cuando se descubrió que la noticia era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

 

Y el problema de eso es que el mundo real es cada vez más visto a través de los ojos de los medios. Cada vez es mayor el número de personas que no leen libros o consumen otras formas de cultura e información que no sean aquellas provistas por los medios y en especial por la televisión, que es rápida, lustrosa, reduccionista. Eso hace que los medios constituyan el prisma a través del cual vemos todas las realidades. Incluso las que no vemos a través de los medios las estamos juzgando, enmarcando, procesando con los elementos que nos proveen ellos.

 

En ese espectro y dependiendo de su cercanía con el mercado o con la sociedad civil, por supuesto hay desde los medios comunicación más alineados con los intereses públicos, nacionales, de la sociedad en su conjunto o de los grupos sociales, los que prestan un verdadero servicio social, hasta los más alineados con los intereses privados o de una facción política, económica o religiosa, que generalmente tienden a ser los más grandes, los más poderosos.

 

Menos mal existen los medios pequeños, alternativos y hoy ha aparecido internet y con él las redes sociales, que le han dado una nueva dimensión a la democracia y que hay que aprovechar antes de que quienes están acostumbrados a dominarlo todo se las tomen también y las coopten. Ahí se está logrando otra dimensión de esa gran batalla por el sentido.

 

Los reyes de la selva

 

Pero la pregunta es por qué es importante esa batalla por el sentido. Porque ahí se logran los votos, se decide qué se compra y qué se vende, cómo y cuánto se consume, qué se piensa y qué se olvida, qué es problema y qué es solución. En esa nata que crean los medios de comunicación, que es la opinión pública, se encuadra el escenario cultural, político y económico más importante de la vida moderna. “Los medios de comunicación son el espacio donde se juega el poder” decía hace unos días el importante investigador Manuel Castells.

 

Lo que no está ahí sencillamente no existe. Y los poderosos lo saben muy bien.

 

Y qué es realmente la opinión pública: creo que tiende a ser más un eufemismo, una ficción para designar la suma de los intereses privados de los poderosos y de grupos de poder de todo tipo en el escenario público. Es pública en la medida en que ocupa el espacio de lo público, pero con los hilos que las generan, las motivaciones que las impulsan muy escondidas en ese caos inmenso de la globalidad.

 

Ahora bien, ustedes me dirán: pero allí vemos a los pobres, a los vulnerables, a los discriminados expresando sus reclamos, sus protestas, sus sufrimientos. Por supuesto en la opinión pública pueden entrar muchísimas voces de los no poderosos, de los no hegemónicos, pero siempre tamizadas y calificadas y alineadas con los valores, los intereses y las prácticas de quienes la controlan.

 

En esa trama compleja de intereses, en ese ámbito de la opinión pública que es como el gran ágora, la gran plaza de la vida moderna, en esa selva reinan, por supuesto, los reyes de la selva: los políticos, los empresarios, las celebridades y los medios de comunicación, que son juez y parte.

 

Son ellos quienes tienen las riendas de la producción de riqueza y de sentido; manejan los intereses de los grupos de poder, se dedican a la producción de riqueza, encarnan nuestros sueños y los medios a la producción de sentido, visibilizan u ocultan, maximizan o disminuyen necesidades, intereses, propósitos, ideales, problemas.

 

Y si hemos tomado la trascendental decisión de impulsar una política pública nuestros socios o contradictores obligatorios serán los reyes de la selva. A ellos tendremos que acudir, son ellos a quienes tenemos que seducir o combatir para impulsar una política pública porque son ellos quienes tienen los hilos del poder.

 

Impulsar políticas públicas es comunicarlas y la pregunta de si la opinión pública es importante para la incidencia en políticas públicas está, creo, contestada. La respuesta es obvia, es un sí rotundo. Es más, no se puede no estar en ese escenario, aún sin el interés de promover políticas públicas, para existir de cara a la sociedad, por puro ánimo de sostenibilidad es preciso estar ahí.

 

“No hay un problema social hasta que el número suficiente de personas, con suficiente poder en la sociedad, esté de acuerdo en que lo hay. Los problemas sociales no existen per se. Se producen por que llegan a la opinión pública, no especialmente por condiciones sociales, o de otra manera indeseable”, afirmaron Mauss y Wolfe en un texto reciente.

 

Lo que se propone una organización social a la hora de impulsar una política pública es plantear un problema y una solución. Las organizaciones sociales se crean porque las soluciones no llegan del Estado o del mercado. Se crean para diseñar esas soluciones, apoyarlas, impulsarlas, provocarlas.

 

Una política pública propone una visión, una estrategia y una agenda para solucionar un gran problema que atañe a todos. Y un propósito  fundamental para que la propuesta de política pública se discuta, se considere, será comunicarla, ponerla sobre la mesa de la actualidad.

 

Y al hablar de actualidad surge una palabra clave en lo que hace a opinión pública y a políticas públicas. Se trata de la agenda. La agenda pública. La agenda política.

 

Podría decirse que la agenda es el guión que las fuerzas en conflicto van construyendo para encarar las sucesivas coyunturas noticiosas, políticas y/o económicas que se dan en el escenario de la actualidad, y en consecuencia de la opinión pública. En la agenda se priorizan unas realidades y otras no, unas decisiones, unos enfoques, unos temas, unos problemas.

 

La primera gran lucha para quienes quieren impulsar una política pública será llegar a la agenda, poner las cartas sobre la mesa de la opinión pública, poner a los reyes de la selva a hablar del tema, interesar a la opinión pública. Hacer que se muerda el anzuelo.

 

La otra lucha importante será por el sentido. Cómo se valora el tema, cómo se enfoca, cuál es la percepción, la visión. La mayoría de las veces lo primero que hay que cambiar es el enfoque, la visión del tema y eso tiene que ver con los valores, la cultura, la emociones, pero también con intereses, con poder, con dinero.

 

Una excursión a la selva

 

Para esas luchas hay que prepararse bien. En este tema de la incidencia no puede haber participación sin simetría, como lo ha afirmado el filósofo Bernardo Toro, no se puede lograr sin ella, por lo que es preciso prepararse para alcanzar o buscar en alguna medida cierta simetría de poder.

 

Revisemos entonces cuáles serían los requisitos para lograr una incidencia efectiva en políticas públicas, desde el punto de vista de la comunicación:

Ser un actor con legitimidad y reconocimiento

Tener un mensaje claro y un valor agregado a aportar

Tener los recursos humanos, materiales y técnicos para abordar la tarea

Tener conocimiento de las lógicas, las estrategias, los recursos que se manejan en el proceso político, en los medios y la comunicación.

Contar con liderazgo y capacidad de diálogo y movilización.

 

¿Cómo se logra todo esto? Primero está la organización. Esa organización responde a una causa, una causa sobre la que tenemos una visión. Esto lo damos por hecho, sin embargo es un aspecto que debe construirse o precisarse.

 

Luego están la legitimidad y el reconocimiento, fundamentales para lograr simetría, por lo que anotaría tres elementos esenciales para conseguirlos:

 

Crear y consolidar una marca que nos identifique ante los demás y nos diferencie claramente en la selva, que huya de los estereotipos, que sea original, que no se estrelle con prejuicios, que sea amable, seductora.  

 

Construir un mensaje diferenciado, sustancioso, con una visión, un norte, unos propósitos, una problemática y una solucionática. Un mensaje que apele a sentimientos, a valores, un mensaje esperanzador, enriquecedor, sólido académica y técnicamente.

 

Realizar un trabajo concreto de transformación de la realidad que queremos mejorar, que demuestre que somos consecuentes, que sabemos hacer las cosas.

 

Luego está la estrategia y las tácticas: qué vamos a hacer y cómo lo vamos a hacer. Y cómo hacer llegar el mensaje a los círculos de poder y decisión; cuándo hacerlo. Lo que supone un tema muy importante: el análisis de coyuntura y de contexto

 

Lo más importante es estar preparados para el momento preciso, quizá una buena coyuntura lo logre todo. Por eso quizá el ejercicio de planeación más importante de todos es el del análisis de la coyuntura, orientado a identificar escenarios y momentos de intervención, así como actores que potencialmente pueden apoyar la iniciativa.

 

A lo que se apunta es a lograr convergencia entre necesidad, interés y oportunidad.

 

En esas coyunturas es que se hace indispensable que nuestro discurso haya llegado a los medios, a los políticos, a las celebridades que nos puedan apoyar, que nos consideren un interlocutor experto y confiable.

 

Por eso es preciso también hacer muchas relaciones públicas, mucho lobby, maletear mucho.

 

Es preciso también buscar fuerza, poder, respaldo. Y para eso hay que apuntar a cuatro frentes:

  • Visibilidad: hay que hacerse visibles, lograr reconocimiento, identidad, legitimidad
  • Reputación: proyectarnos como organizaciones y personas que conocemos el problema, lo hemos trabajado, tenemos el respaldo de quienes lo sufren.
  • Validación por terceros reconocidos: ideal lograr que personas reconocidas en las esferas públicas hablen de nuestro trabajo, lo respalden.
  • Buscar alianzas: redes, asociaciones con nuestros pares.
  • Lograr capacidad de movilización: procesos, eventos

 

Con todos estos elementos se podrá armar una estrategia de comunicación orientada a posicionar un problema, una visión de solución y una agenda que tenga posibilidades de llegar a ser una política pública con los recursos y la voluntad política necesaria para transformar la realidad.

 

Para preparar este texto se consultaron principalmente dos publicaciones:

Flórez, M y Cuellar J, ¿Es la incidencia política un camino?  de RedEAmérica y Fundación DIS, noviembre de 2012, Bogotá.

Nall Bales, S. y Gilliam Franklin D., Jr, Communications for Social Good de Foudation Center, abril de 2004.

Última actualización el Martes, 20 de Octubre de 2015 18:09  

 
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