Jobs, el amante de las letras

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Jobs_Johnathan Mak

Un diseñador piensa la vida como una experiencia estética. Y propone soluciones que vibran a medio camino entre lo pragmático y lo artístico; mapas sensibles que conectan a las personas con objetos y mensajes y producen experiencias que pueden resultar placenteras, fértiles, excitantes y reveladoras, si están bien concebidas y desarrolladas.

Leer un libro, caminar un edificio, pedalear en una bicicleta, ojear un afiche, prender un computador, encontrar una calle; nuestras vidas urbanas y post industriales están mediadas por experiencias sensoriales nacidas de la necesidad, de la seducción consumista, de la transformación utilitaria de la cultura, de la sed de futuro. Todas esas experiencias tienen en común, de manera voluntaria o involuntaria, una buena dosis de diseño.



A Steve Jobs lo sedujo para el diseño una de sus más ancestrales y hermosas expresiones: la caligrafía, aquella que se acostumbró a apreciar en cualquier mensaje impreso de cualquier tamaño en el Reed College y que lo llevó a amar las letras y aprender sobre el tema. Esa sensibilidad abierta hacia las formas y sus usos lo llevaría a convertirse en "uno de los diseñadores y mentores verdaderamente grandes", según lo afirmó el arquitecto británico Norman Foster.


Tenía todos los elementos: el interés por la estética como prioridad, la limpieza, el culto al Less is More de Mies van der Rohe como primer mandamiento, esa economía absoluta en la expresión que ha llevado a que se le califique de minimalista sin serlo. “Enfoque y simplicidad: esos han sido mi mantras” dijo Jobs a Bussiness Week en 1998. “Lo simple puede ser más difícil que lo complejo. Tienes que trabajar duro para aclarar tus ideas para hacer que lo que pienses sea simple. Pero, al final, vale la pena porque una vez lo tienes, puedes mover montañas”.

Y Jobs movió montañas. La primera de ellas la árida e incomprensiblemente inhóspita de la industria informática al diseñar un computador pequeño, amigable y con hermosas fuentes para que cualquiera lo pudiera operar, el Mac II. Jobs no se contentó con proponer un sistema operativo innovador y sencillo sino que reemplazó la anodina Arial con la hermosa Helvética, escogió la Geneva para los menús y sorprendió a todos con la elegancia y modernidad de la Garamond para anunciar los nuevos Macs una vez regresó a su empresa. En los últimos tiempos escogería la Lucida para impulsar la globalización de sus productos, una fuente que sorprende por su elegancia y simplicidad.

Jobs me había sorprendido también al ser desterrado de su compañía, con el nombre que le dio a su nuevo emprendimiento: NeXT, y sobre todo con su increíble expresión tipográfica al insertar esa e minúscula entre tres lacónicas pero expresivas mayúsculas. 

Muchos años después, ya a cargo de nuevo en Apple, cuyo logo, diseñado en un Mac II solo ha cambiado el color en los últimos 25 años, Jobs volvería a tumbarnos del asiento al inventar la rueda. Ni más ni menos. 

Hay dos tipos de diseñadores, quienes piensan, conciben las ideas y buscas a otros más hábiles para que las desarrollen y las plasmen y quienes tienen el talento para concebir y hacer la magia realidad. Jobs era de los primeros, según cuentan trabajaba incansablemente en el desarrollo y simplificación de las ideas y se rodeaba de los mejores diseñadores para llevarlas a cabo. 

Un día le dijo a su equipo que quería un reproductor musical sin ninguna tecla y de allí surgió el iPod, la segunda invención de la rueda, sin duda. La sola simpleza de la navegación, la misma economía visual de sus componentes hacen de este dispositivo un diseño revolucionario. Pero si a eso se suma el concepto de iTunes, su interdependencia con el iPod y el sistema creado para obtener, transferir y disfrutar la música, la cosa va mucho más allá. La experiencia estética de escuchar música y la industria musical no serían nunca más lo que fueron. 

Quizá por eso no se haya considerado demasiado exagerado llamar a Jobs el Leonardo Da Vinci del siglo XXI, con lo que además consigue un nuevo triunfo, refrendado por las flores a los pies de su imagen en las puertas de las tiendas de Apple, puestas por miles de consumidores agradecidos. Jobs, el capitán de la compañía más exitosa del mundo consumista, el multimillonario, no es considerado como un capitalista desalmado sino como el gran profeta de los nuevos tiempos. 

Ya vendrán los detractores. Mientras tanto, para quienes tenemos el diseño una prioridad vital, Jobs es sin duda uno de los grandes innovadores y una fuente constante de inspiración.  

 

Foto de: Johnathan Mak

Última actualización el Martes, 20 de Octubre de 2015 18:04  

 
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